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Recogida de la Aceituna

En la recogida las tareas tradicionales se mantienen en el tiempo, aunque la presencia de artilugios mecánicos como las vibradoras pone un punto de modernidad, no exento todavía de polémica sobre su eficacia. Iniciada la recolección, con el árbol ofreciendo las aceitunas maduras en su copa (parte de ellas también en el suelo) su recogida hay que hacerla con sumo cuidado para no dañar las aceitunas.


Imagen1.pngEl vareo es la técnica tradicional. Se realiza con la piqueta, una vara larga con cierta flexibilidad y con la que hay que golpear el ramaje del olivo para que la aceituna caiga en los fardos.

Hay que golpear con oficio para no dañar las ramas, y de forma concienzuda para no dejar aceitunas en el olivo.

Por ello uno de los vareadores, a veces dos, "apura" por dentro y por fuera del olivo las aceitunas que han quedado.

Mientras los hombres varean, las cogedoras y los cogedores (tarea que todavía desempeñan fundamentalmente las mujeres) van por delante recogiendo de rodillas las aceitunas del suelo en las esportillas.

zaranda.pngLas aceitunas iban después a la limpia una especie de criba que primero fue de madera y luego metálica, inclinada sobre la vertical del suelo, por la que caían las aceitunas.

Mientras la hojarasca caía al suelo por las rendijas de la limpia, las aceitunas iban a un esportón, antaño de esparto y después de goma, donde se le daba el último repaso quitando chinas, barro y el resto de hojarascas.

Hoy sin embargo la limpieza de la aceituna se suele realizar directamente en la almazara. De los esportones pasa la aceituna a los sacos, que se atan cuidadosamente y se acarrean al tractor o al todoterreno (es muy raro ver a las mulas con sus serones cargados de aceituna) para trasladar los sacos a la almazara, o al molino, como todavía se les llama en muchos pueblos.

Almazara.pngEn la almazara se pesa, pasa a las modernas limpiadoras de nuevo y de ahí a las tolvas, para acabar en el sistema continúo de molturación, de donde saldrá ya el aceite.

La capacidad de los sistemas de molturación ya es tanta que la aceituna pasa poco tiempo almacenada en el patio de las almazaras. Así se evita que se "atroje" demasiado, porque ello supone pérdida de calidad en el aceite. El aceite nuevo pasa a los modernos depósitos de aluminio. Antes iba a los trujales, que ya no abundan. También han desaparecido, prácticamente, las viejas prensas, donde se montaban los cargos con los capachos circulares, en los que se prensaba la masa de la aceituna previamente molturada para exprimir el aceite.

Terminada la recolección de la aceituna en los "tajos", se procede a la corta. Podar el olivo requiere maestría. Hay que quitarle las ramas que no sirven, "darle aire", y propiciar así el crecimiento de nuevas ramas con renovados bríos y nuevos frutos. Las ramas cortadas al olivo, el ramón, se quema entre las claras de los olivos, o las camás, como se las denomina también. Este trabajo hay que hacerlo con sumo cuidado, teniendo en cuenta el viento que sopla para evitar que se puedan prender los olivos circundantes con la hoguera que se forma. Éste es el método para eliminar las ramas procedentes de la corta, no así los palos, que se venden, convenientemente cortados, o se emplean para el fuego doméstico.

quemando-el-ramon.pngDespués de la corta y quema del ramón hay que arar el olivar. Una vez arado hay que hacerle bien los suelos, sobre todo si el terreno es propicio porque sea llano. Hacer los suelos es apisonar hasta dejar llano un círculo de regulares dimensiones, según el tamaño del olivo, en torno al mismo. Así cuando la aceituna caiga no cogerá chinas y menos barro si llueve. Cuando empieza a brotarle las nuevas ramas al olivo hay que desvaretar o chuponar eliminando con una hachuela las "varetas" o "chupones", fundamentalmente las que crecen en torno a la base del tronco. A su debido tiempo hay que fumigar contra las plagas, y echar abono para mejorar el rendimiento del olivo. Ahora se utilizan los abonos químicos, pero durante mucho tiempo era común abonar con el estiércol procedente de las mulas y borricos, que se esparcía en torno al tronco de los olivos.

Terminado el ciclo llega de nuevo, en diciembre, la recolección.

cuadrilla.jpgLas cuadrillas de aceituneros y aceituneras se concentran al alba en los portillos, lugares escogidos para salir hacia los tajos. A cargo del grupo va el manijero, encargado de dirigir las tareas de recolección. En el tajo se trabaja con ritmo. A medio día se hace un alto breve para comer y a media tarde, antes de que lleguen las sombras, se termina la tarea.

Al día siguiente se retoma la misma en el olivo donde se dejó. Si se va a "destajo" (tanto coges tanto ganas) el ritmo es muy superior. Cuando en un tajo se termina la recolección suele celebrarse todavía el remate o butiferia en el mismo tajo. Trasiega el vino y se mueven las tapas y los aperitivos para celebrar una recolección que si es buena y ha durado tiempo para sumar más jornales, mucho mejor.

Atrás quedaron otros modos de vivir la aceituna. Ya no se "tira el pañuelo al señorito" cuando va a visitar a su cuadrilla para pedir el aguinaldo. Ya no se realiza el ritual de aparejar al mulo o a la mula, de llenar la cántara de agua y cargarla en el serón. Ya se ven menos "enaguas" y más monos de trabajo y ropa deportiva. Ya no hay hachas, ni "asperones" para sacarles filo, y sí motosierras. Pero lo cierto es que el olivar ha cambiado para bien: ha evolucionado y ha sido capaz a la vez de mantener sus tradiciones.

 Navegando por internet en busca de información, encontré una noticia que  me impacto. Por la cruda realidad de otros tiempos, y que paso a transcribiros.

Cerca del infierno, lejos de Jauja

El pais.com JOSÉ A. CARRIZOSA, - Sevilla, - 09/03/1987

 

Los emigrantes temporeros de la aceituna y sus familias soportan duras condiciones de vida y trabajo

Aceituneros.pngSon cerca de 100.000 personas, hombres, mujeres y niños. Se desplazan durante cerca de tres meses para obtener unos ingresos que pocas veces superan las 100.000 pesetas por familia. Para ello habrán tenido que trabajar en una de las campañas más duras de la agricultura andaluza: la recogida de la aceituna de molino. Una campaña en la que la norma habitual de trabajo para estos temporeros es el, destajo, y con unas condiciones de vida y alojamiento que rozan en algunas ocasiones el límite de lo infrahumano, con familias enteras, niños incluidos, hacinadas en habitaciones insalubres.

El cortijo Torrecarmona está muy cerca de Jauja, un pequeño pueblo próximo a Badolatosa, fronterizo entre las provincias de Córdoba y Sevilla. Pero el cortijo Torrecarmona no es Jauja.
En él conviven desde hace dos meses cuatro familias llegadas desde Osuna, a poco más de 60 kilómetros, para participar en la recogida de la aceituna. El caso de Torrecarmona es una más de los que se producen en ésta época del año en la Andalucía central, la principal zona aceitunera de España.En el cortijo se hacinan hombres, mujeres y niños en habitaciones que amenazan ruina y en las que ha habido que poner colchas en las paredes para combatir la humedad. La falta de agua corriente -hay que cogerla de un pozo- y de servicios higiénicos completa una situación tercermundista. "Esto no ha cambiado en años", afirma Rosario, la abuela de 60 años que rodeada de sus nietos más pequeños realiza las faenas domésticas en el cortijo, mientras sus hijos recogen aceitunas.

Aceituneros-2.pngHay un sentimiento generalizado entre las personas que acuden cada año a la recogida de la aceituna de que ésta es una de las campañas más duras de las tres o cuatro que normalmente tienen que realizar al año los temporeros andaluces. Y es también, según los trabajadores, en la que menos han mejorado las condiciones de vida y de salario. Desde hace unos cuatro años no ha habido aumento significativo en el precio que se paga por el kilo de aceituna recogido. Las inspecciones de Trabajo son algo prácticamente desconocido en el sector y la labor de denuncia que han venido realizando durante los últimos años a través de asistentes pertenecientes a centrales sindicales, contratados por la Dirección General de Emigración de la Junta de Andalucía, no ha tenido plasmación en resoluciones administrativas.

"Muchas veces", afirma uno de los trabajadores que recoge aceituna en la Provincia de Córdoba, "venimos aquí más para coger las peonadas del subsidio que por dinero que nos llevamos a casa". Los aceituneros acuden a los cortijos en familia. Con el trabajo de la mujer y los hijos mayores, formando cuadrillas, se aseguran unos ingresos que hacen mínimamente rentable la campaña de la aceituna.

Trabajo a destajo

En la recogida de la aceituna, el trabajo es a destajo -el dinero que se recibe depende de los kilos que se es capaz de recoger-, y el ajuste de la retribución se mantiene desde hace varios Aceituneros-3.pngaños entre las 9 y las 12 pesetas por kilo de aceituna, dependiendo de la calidad del olivar y de las condiciones del terreno. El precio del ajuste -realizado al mínimo, según los trabajadores- supone unos ingresos para cada trabajador de alrededor de 3.000 pesetas diarias en el mejor de los casos, con una recogida estimada de 300 kilos por jornada. En los pocos casos en los que estos temporeros realizan la recogida a jornal se aplica la tarifa vigente en los convenios que roza las 2.200 pesetas.

Cuando las condiciones del olivar no son adecuadas o cuando el mal tiempo ha hecho caer mucha aceituna al suelo, a veces no se llega con el destajo al salario garantizado en el convenio y hay que volver a negociar con el patrón el precio de ajuste. Este mismo año se ha dado algún caso en el que el aumento de una peseta por kilo se ha conseguido real a real en una negociación de más de siete horas seguidas.

También este año se están recibiendo muchas quejas sobre incumplimientos del convenio colectivo en las fincas en las que se trabaja a destajo. En algunos casos, ni se respeta el horario establecido de siete horas menos 20 minutos ni el jornal de 2.226 pesetas, lo que ha ocasionado plantes aislados y hasta algún despido, en una campaña que, como todo el trabajo temporero en el campo, se basa en el principio de "aceptas lo que te propongo o tengo a muchos que lo van a hacer más barato".

El sistema de destajo, una forma de trabajo que obliga a un alto rendimiento continuado, es también el origen de frecuentes enfrentamientos entre las cuadrillas, que llegan a pelearse por recoger un olivo. Se trata de reunir el mayor número de kilos posibles y la mayor velocidad posible. Es la única forma de asegurarle un mínimo de rentabilidad a la campaña. Cuando se recoge aceituna no se levanta la cabeza.

Agachar la cabeza

Aceituneros-6.pngLa jornada de un aceitunero comienza poco después de las ocho de la mañana y termina sobre la seis de la tarde, con media hora de parada para la comida. El trabajo se realiza bajo la supervisión de un manijero. En la cuadrilla, los hombres varean los olivos y las mujeres, agachadas en el suelo, recogen las aceitunas en capazos de media fanega (25 kilos). La aceituna se lleva hasta el remolque del empresario y, allí por cada media fanega se entrega una chapa de metal que al final de la jornada sirve para determinar la cantidad recogida. por cuadrilla y ajustar el precio.

Los trabajadores que están ahora en la recogida de la aceituna son los mismos que se desplazan cada año a la vendimia francesa, a la recogida del espárrago en Navarra o a la fresa de Huelva, y que completan el año en campañas que, como el algodón o la remolacha, demandan cada vez menos mano de obra. La emigración temporera, con el desarraigo y los problemas de ubicación que genera, es la forma habitual de vida de un amplio colectivo de andaluces. Una forma de vida para agachar la cabeza.

Niños lejos del colegio

El trabajo de menores dentro de las cuadrillas es una de las constantes de la campaña de la aceituna.
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Aunque no hay datos oficiales, una visita a diferentes tajos revela como una constante la presencia de niños de 12 años y de menos limpiando aceitunas en las cribas o recogiéndolas en los serones.

Más numerosos son los niños de corta edad que son sacados de los colegios para permanecer en los cortijos mientras sus padres hacen la campaña.


La recogida de la aceituna es causa de retraso escolar para un buen número de niños entre los 6 y los 16 años. Mari Carmen, de 12 años, que lleva más de dos meses en un cortijo cercano a Badolatosa (Sevilla) afirma, no sin vergüenza, que ha tenido que repetir segundo, de EGB "porque soy muy mala estudiante". Manolín y José, de poco más de 8 años, están junto a su padre limpiando de ramas y hojas las aceitunas que después serán llevadas a pesaje. Aunque confiensan que les gusta más estar en el campo que en el colegio, lo de limpiar aceitunas no los tiene demasiado convencidos.

La falta de guarderías adecuadas y de un control oficial sobre el trabajo de menores está en el origen de la situación que todavía persiste en la campaña de la aceituna. La elevada tasa de paro en la agricultura andaluza no ha eliminado la utilización de jóvenes en edad escolar como fuerza laboral. En el trabajo temporero a destajo todo parece valer. 

Tag(s) : #Oficios de un Pueblo