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Badolatosa, Sevilla, Mi pueblo

Juan Caballero "El Lero" 1804 - 1895

22 Febrero 2010 , Escrito por Abraham Pineda Etiquetado en #Ruta del Tempranillo

Juan Caballero " el Lero ", nació en la villa de Estepa, el 26 de Agosto de 1.804. Hijo de familia humilde debió de dedicarse al trabajo del campo durante sus años mozos. A los veintitrés años se casó con María, una muchacha estepeña de su misma condición.

Al año de contraer matrimonio, se pone al frente de una partida de salteadores de caminos, sin conocer la causa que le llevara a ello, habiendo varias versiones, por un crimen de celos o por escapar de una estúpida persecución basada en acusaciones infundadas.

Con su cuadrilla de caballistas y apodado " el Lero " pronto se hizo famoso junto a José María " el Tempranillo "por toda Sierra Morena y por los caminos que a ella llevaban. Esta probado que fueron amigos, llamándose entre ellos "compadres" pero aunque algún autor supone que fue teniente de su partida puede afirmarse que jamás colaboraron en sus fechorías, incluso que se repartían los campos de operaciones, actuando con total independencia. " El lero " jamás llego a coger la fama de "el Tempranillo", siendo un delincuente más de los caminos.

Entre los miembros de su partida se encontraba José Ruiz German "el vereitas" que actuaba como veredero, es decir, como conocedor de todas las breñas, atajos y vericuetos del terreno. Ninguno era hombre cruel, robaban si, pero con elegancia y dignidad, sin ser brutales, hecho que "el Tempranillo" impuso en toda la región.

En una ocasión, se vio perseguido por grupo de escopeteros, separándose uno del resto de ellos y siguiendolo encorajinado. Cuando pasaron cerca del camino de Estepa el escopetero resbaló de su caballo y cayo al suelo, perdiendo el conocimiento "el Lero" viendo que estaba mal herido lo recogió y lo llevo a la venta mas cercana a que lo curaran, dejándolo allí, le dijo que no mataba por ser un valiente.

Al desaparecer el 24 de Septiembre de 1.833 su amigo José María "el Tempranillo", Juan Caballero decide, a sus veintinueve años realizar su deseo de vivir en Paz, después de haber estado durante seis años fuera de la ley, obteniendo el indulto se retira a vivir a Estepa, su pueblo natal.

Siendo una persona bastante superticiosa pensaba que los martes era un mal día, que no le traería nada bueno y que en un martes moriría, y quiso el azar que así fuera, pues murió el martes santo 30 de Marzo de 1.895 después de recibir los últimos Sacramentos. Así murió Juan Caballero "el Lero" de un simple y vulgar flemon a los ochenta y un años y en la cama, como el mas pacifico estepeño, siendo el único de los bandidos famosos que no acabo sus días en la horca o asesinado en algún camino.

Juan Caballero " el Lero ", nació en la villa de Estepa, el 26 de Agosto de 1.804. Hijo de familia humilde debió de dedicarse al trabajo del campo durante sus años mozos. A los veintitrés años se casó con María, una muchacha estepeña de su misma condición.

Al año de contraer matrimonio, se pone al frente de una partida de salteadores de caminos, sin conocer la causa que le llevara a ello, habiendo varias versiones, por un crimen de celos o por escapar de una estúpida persecución basada en acusaciones infundadas.

Con su cuadrilla de caballistas y apodado " el Lero " pronto se hizo famoso junto a José María " el Tempranillo "por toda Sierra Morena y por los caminos que a ella llevaban. Esta probado que fueron amigos, llamándose entre ellos "compadres" pero aunque algún autor supone que fue teniente de su partida puede afirmarse que jamás colaboraron en sus fechorías, incluso que se repartían los campos de operaciones, actuando con total independencia. " El lero " jamás llego a coger la fama de "el Tempranillo", siendo un delincuente más de los caminos.

Diez meses antes que José María, concretamente el 29 de agosto de 1804, nació Juan Caballero Pérez, en la villa de Estepa. Su padre, Luis Caballero Llamas, era surtidor de reses para el matadero, oficio que le permitía mantener holgadamente a su familia, compuesta de esposa y seis hijos, de los que el menor era Juan.

Esta desahogada posición económica permite que Juan acuda a la escuela y aprenda a leer y escribir, lo cual, andando el tiempo, macaría entre él y los demás bandoleros románticos una clara diferenciación: la de no ser analfabeto. Y esta circunstancia le convertiría en el único bandido autor de unas memorias. Sin ellas, desempolvadas recientemente por el historiador don José María de Mena, según ya referimos, no podríamos escribir apenas sobre Juan Caballero, despreciado por la literatura y la leyenda en una época en que José María acaparaba toda la atención.

Nos limitaremos, ante la carencia de otras fuentes, a narrar la vida del bandolero desde su propia óptica, tratando de hacer un resumen lo más extenso que nos sea posible de tales memorias, cuya lectura aconsejamos a los aficionados al tema del bandolerismo y a cuantos gustan de la literatura espontánea, sencilla, jugosa y de rezumante sinceridad. No debe, con esto último, entenderse que las memorias de Juan Caballero no contengan inexactitudes. Las tienen todas las biografías, obras destinadas a explicaciones o justificaciones ante la historia, y "el Lero" no iba a ser una excepción de regla tan admitida, pese a su reconocida valentía. Juan Caballero no tiene inconveniente en confesar sus crímenes, pero, sin embargo, no escribirá ni una frase que signifique inferioridad o supeditación con respecto a "el Tempranillo". En este aspecto, incluso llegará a mentir y exagerar.

A los diez años Juan Caballero se queda huérfano. Ha de ir a vivir con el mayor de sus hermanos, también marchante de ganado y vendedor de reses al matadero. Esta será la profesión de Juan. La ejercerá hasta su ingreso en filas y volverá a ella después de licenciado, suponemos que los años 1825 ó 1826. Poco después muere su hermano y él queda solo frente al negocio.

El 21 de julio de 1827 contrae matrimonio con María Brígida Fernández-Pascual Labrado, con quien al poco se traslada a Sevilla con proyectos de ejercer allí su profesión. Pero cae enfermo y, para reponerse, decide volver a Estepa.

Por aquellos días un hermano de su mujer conocido por "el Beato" y un tal Solís roban unas gallinas en un cortijo, con tan mala suerte que son vistos por una partida de Voluntarios Realistas, cuyo comandante trata de detenerlos. El Solís se revuelve y con un pistolete que llevaba en la faja le dispara y lo mata.

La circunstancia de que este Solís fuese junto a un cuñado de Juan Caballero hace que se le confunda con éste y que un cortijero que vio a los ladrones de gallinas declare en contra de "el Lero", quien no tardará en ser detenido.

Pese a sus protestas de inocencia lo hacen huésped de diferentes cárceles. En la Real de Sevilla ocurrió un episodio digno de conocer, ya que nos muestra el temple de Juan Caballero. Se jugaba al monte entre los presos y un tal Mono cobraba el "barato". "Y yo, desesperado y sin recursos -cuenta el futuro bandido- y sin conocer allí a nadie, pues a pesar de los muchos memoriales que mandaba a la Audiencia no me hacían caso, me decidí a comprar una buena navaja, y muy bien afilada me dirigí adonde estaban jugando, y el Mono estaba cobrando el barato, tenía siete duros y unos reales en el papel, los cogí y me los guardó en el bolsillo sin decir una palabra.

Enseguida vino su compañero el Nieblo y me preguntó quien me había facultado para coger aquel dinero; le contesté que nadie, que yo era bastante a responder de mis hechos y que no sólo aquel dinero sino todo lo que se cobrara en adelante lo cogería lo mismo; yo ya con mi navaja preparada me situé en un portalillo que allí había nos entramos en él y principiamos desesperadamente a tirarnos puñaladas, tuve la fortuna de darle al Nieblo una cuchillada en el lagarto del brazo, se acobardó por la mucha efusión de sangre y me clamó que no lo matara, saqué mi pañuelo y lo até a la herida para contener la sangre.

Di una voz a sus compañeros por si alguno quería bajar, que allí esperaba yo, pero no se atrevió ninguno. Enseguida me dirigí al juego y puse un encargado mío para cobrar el barato reconocido ya yo como jefe; mi encargado era un tal Juan Lozada natural de Ecija el cual me entregaba diariamente 25 o 30 duros, de estos regalaba yo al Alcaide 8 duros todos los días para tenerlo propicio y obsequiaba diariamente a los llaveros capataces, mozos y demás."

Los trámites procesales llevan más tarde a Juan Caballero a la cárcel de Estepa y después a la de Pedrera, en cuyo término se produjo la muerte del comandante de los Voluntarios Realistas. En esta última prisión, perdidas las esperanzas de que se le haga justicia, decide fugarse. Busca para ello la complicidad de una joven que gusta de acercarse a la reja de la cárcel cuando él canta, pues la naturaleza le "dotó de voz y estilo", y por medio de ella consigue una lima y una navaja. Con la primera se deshace de los grilletes, y cuando el alguacil acude a llevarle la comida, lo empuja y escapa.

Un amigo le provee de dinero y pasaporte falso y emprende el viaje a Madrid, con intención de procurar su indulto. Lamentablemente sus gestiones fracasan y regresa a la provincia de Sevilla. Temiendo acercarse a Estepa, se queda al norte, en Cazalla de la Sierra, donde consigue emplearse como cabrero.

Al mes de ejercer su nuevo oficio aparece por las cabrerizas donde trabaja una partida de cuatro bandoleros. Juan Caballero habla con ellos y repentinamente adopta la resolución de unírseles. "Y así -dice- me convertí en un hombre perdido."

Con tal ímpetu inicia su vida bandoleril que a los pocos días, debido a su personalidad, decisión y natural inteligencia, se impone a sus compañeros, los cuales le dejan dirigir una difícil operación en proyecto: el rescate de varios presos escoltados por treinta y tres soldados.

Juan Caballero piensa y fragua su plan. Construyen veinte muñecos de paja y los visten con trajes y sombreros apropiados, más un palo a guisa de arma, y los sitúan en una cresta del camino. Cuando llega la cuerda de presos, los cuatro bandoleros aparecen por retaguardia, mientras Juan Caballero lo hace por el frente, dando la voz de alto. Los soldados, engañados en el número de enemigos por el ardid de los muñecos, se entregan.

Tras esta aventura y ya la cuadrilla con ocho bandoleros, pues eran tres los rescatados, Juan Caballero se convierte en jefe indiscutible, aunque por escaso tiempo. Días más tarde, de descanso en un cortijo, tienen noticias de que numerosa tropa les persigue por los términos de Ecija, La Luisiana, Carmona y Fuentes de Andalucía. Deliberan y deciden disolver la partida. Yendo de uno en uno y por diferentes lugares les sera más fácil escapar. Y así lo hacen. Juan Caballero cambia al cortijero su caballo y armas por un burro y un serón y, fingiéndose esparraguero, toma el camino de Estepa, donde se mantiene oculto, protegido por su familia, unos quince días.

Allí acuden a verle un desertor del Ejército y su cuñado, apodado "el Beato". Conversan y deciden salir en busca de José María "el Tempranillo" para unirse a su cuadrilla.

Encuentran al ya popular bandolero en Badalatosa y éste les acepta, lo cual viene a desmentir la afirmación de ciertos historiadores de que cuando José María necesitaba reponer una baja contaba al menos con cuarenta aspirantes para elegir. "El Tempranillo" ofrece proveerles de caballos y armas, pero Caballero rehúsa diciendo que ellos buscarían su equipo. Era mejor así, según había convenido anteriormente con "el Beato" y "el Soldado", por si algún día tenían que separarse de José María.

Abandonan al atardecer el campamento de los bandoleros y regresan a Estepa para proveerse de caballos y armas. Pero al entrar en el pueblo encuentran a un soldado, tambor de los Voluntarios Realistas de quien "el Beato" quiere vengarse, por haberle "apretado demasiado" cuando estuvo detenido. Se adelanta "el Beato" y acercándose al tambor le dispara su pistolete y lo deja muerto en el acto.

Después de este estúpido asesinato no les quedaba más remedio que alejarse de Estepa todo lo posible. Se dirigieron a la sierra y, tras toda una noche huyendo, llegaron al amanecer al cortijo de don Salvador Carvajal, en el término de Gilena, donde robaron tres caballos y tres escopetas que sortearon. Así equipados volvieron a Badelatosa, donde se unieron a la partida de José María. Juntos emprendieron la marcha hacia la Serranía de Ronda, lugar frecuente de ocultación de "el Tempranillo" en los periodos de intensa persecución.

Ocho días después se les unió la partida de Francisco Salas, más conocido como Francisco "el de la Torre" y, todos juntos, pasaron como un mes en el cortijo Zuraque.

La primera prueba de fuego en la partida de José María la cuenta Juan Caballero de la siguiente manera: "Marchamos por las Rozas de Morón y nos dirigimos a la venta de Paterna, una legua de Marchena. A poco de estar allí avisó el centinela que pusimos, que venía una partida de Tropa de Caballería hasta la venta. Nos asomamos y la vimos venir; serían como unos 20 hombres, y un Oficial llamado Nieto. Le dije a José María qué hacíamos, que estaban encima, que yo solo me bastaba para despachar a 10, por si desconfiaba de nosotros. José María me dijo, esperar un poco más a que se acerquen y tirar sobre seguro a los caballos. Con efecto, a este tiempo avanzaron sobre la venta, y nosotros nos habíamos montado y guardábamos amparados detrás de la casa, y de pronto salimos disparando, y a los tiros les matamos dos caballos, cuyos jinetes cayeron a tierra. Viendo esto el Oficial mandó retirada pensando rehacerse un poco más lejos, pero no les dejamos ya que corrimos detrás sin dejarles detenerse, y apretando apretando los seguimos hasta meterlos en el pueblo de Paradas. Nos volvimos a la venta y allí estaba José María con el ventero y unos compañeros que mandó Frasquito de la Torre por si los necesitábamos, y al llegar nosotros tres a la venta todos echaron los sombreros por alto y palmoteando voceaban, Vivan los valientes."

A continuación se dirigen a la Isla del Judío, cortijo situado entre Ecija y Palma del Río y roban 50.000 reales. El grupo volvió a encontrarse con el grueso de la partida, y para celebrar sus éxitos, bebieron y se divirtieron hasta que sobrevino un altercado entre los bandoleros. Hubo de intervenir Francisco "el de la Torre" y poner paz. Sin duda a Juan Caballero no le agradaban aquellas orgías. Además del derroche de dinero suponían grave riesgo de sorpresa por parte de sus persecutores.
Habla con José María y acuerdan su separación.

"EI Lero" vuelve a la comarca de Estepa y durante seis meses actúa en solitario. Como suceso destacado cuenta haber rajado la cara con la espuela, al darle un puntapié, a un cortijero que quiso denunciarle ("y el hombre quedó con una raja marcada para toda la vida y gracias a Dios").

Transcurridos aquellos meses de soledad se le unió un tal Flores, vecino del pueblo de Herrera, y quince días más tarde fueron en su busca seis hombres de la partida de José María que habían reñido con éste y querían unírsele. Caballero les admitió advirtiéndoles que aquello no era andar en borracheras ni entre peñascos como estaban acostumbrados; en la campiña la vida era más difícil que en la serranía y había que tener más habilidad y formalidad y, muchas veces, en vez de refugiarse en cuevas, había que hacer cara a la tropa y pelear con ella, a lo militar. "Mis reglas son dos -continuó-, la primera obedecer y respetar mis órdenes pues en ello nos va la vida a todos, y la segunda es respetar todo lo de Estepa, lo mismo el pueblo que los cortijos y los caminos de su Estado, pues si nos portamos bien con ellos tenemos amigos, y si no, estamos perdidos."

Organizada la partida se dirigieron al puente de Alcolea, paso obligado de las diligencias por la carretera general de Andalucía. Más de un asalto realizarían, aunque Juan Caballero sólo cita uno, quizás el que mejor servía a la imagen de bandolero comprensivo y generoso, tan difundida. En el curso de este robo un viajero respetable le pidió como favor especial que no molestara a su señora ni a sus dos hijas, a lo que accedió "el Lero", devolviéndole además todo cuanto le había robado. Y tan impresionado quedó el viajero de su caballerosidad que le ofreció gestionar su indulto.

De regreso a las proximidades de Estepa tuvieron un encuentro con doce o trece soldados de caballería que se dirigían a Fuentes de Andalucía, a los que atacó la partida por sorpresa, haciéndoles huir. Juan Caballero les persiguió y consiguió apresar a un sargento y a un soldado, quienes le rogaron tuviera piedad de sus vidas. No sólo esto hizo "el Lero". Además les dio una onza de oro y les encargó que dijeran a su capitán que cuando cogieran a un bandolero hiciera lo que él hacía con ellos. Cuenta a continuación que aquel gesto agradó en gran manera al capitán cuando se lo contaron y que en agradecimiento pidió a su padre, que era marqués, escribiera al Rey y a don Tadeo Calomarde para que lo indultaran, a lo que accedió éste último publicando el correspondiente decreto. Pero Juan Caballero lo rechazó al ver que no incluía a sus compañeros y únicamente le afectaba a él.

Más tarde se reúne con José María en una carbonería de las Rozas de Morón, iniciándose con ello una costumbre de frecuentes encuentros, aunque raramente actuaran en operaciones conjuntas.

Con ocasión de dirigirse a un cortijo, Juan Caballero encuentra a un soldado que se había separado del grupo de que formaba parte. Ambos disparan sus armas y cae herido el soldado. Los compañeros de éste, al oír los disparos, acuden dirigidos por un oficial y persiguen a Juan Caballero. El oficial se adelanta y llega a las proximidades del bandido, quien se revuelve y lo mata de un trabucazo. Después se apodera del caballo, que transportaba una maleta con 15.000 reales en oro, paga de la tropa.

Poco después tiene lugar una de las acciones conjuntas de que hablábamos antes. Se reunieron las partidas de Juan Caballero, José María, Francisco "el de la Torre" y José Ruiz Permana "Germán", con un total do 27 hombres. El objetivo era atacar ]as diligencias procedentes de Cádiz, muy bien abastecidas de géneros diversos y valiosos, introducidos por el puerto franco. La primera expedición con la que toparon venía escoltada por "quince o veinte carabineros". Los bandoleros les esperaron ocultos en un cortijo, al borde del camino, y al paso de los carros salieron de súbito, cayendo por sorpresa sobre la escolta, que apresaron y encerraron en el caserío. Se apoderaron de diez carros y unas cincuenta mulas que componían el convoy.

¿Quién mandaba? ¿Quién dirigió aquella brillante operación? Sin duda, Juan Caballero. Se hace difícil poner reparos a su relato, que parece muy sincero. Concluido aquel rentable golpe, Caballero ordenó a Frasquito "el de la Torre" que se adelantara al cortijo El Saladillo, mientras los demás se desviaban a comprar cebada. Pero, más tarde, al llegar el grueso de las partidas al cortijo señalado, notaron la ausencia de "el de la Torre", que, según dijo el aperador, se había marchado al cortijo Los Pollos por no haber allí espacio bastante para todos los caballos. Aquello no gustó a José María, quien dirigiéndose a "el Lero" exclamó: "Lo que tardemos en llegar allí, tardo yo en matarlo por no haber obedecido las órdenes de usted". A ello replicó Juan Caballero: "Compadre, eso no lleva camino pues ha sido de la mejor buena fe, porque como aquí no caben 27 caballos y esta lloviznando consideró estar allí mejor y por consiguiente haga usted lo que quiera".

Pese a los consejos de Caballero, al llegar al cortijo Los Pollos, José María se mantiene en su idea y grita a Frasquito antes de entrar: "Sal afuera que te voy a matar para que otra vez obedezcas las órdenes de mi compadre". Pero dejemos a Juan Caballero narrarnos lo sucedido: "Frasquito hombre de más edad y de mucho mundo salió y se vino para él sin armas ni nada y le dijo. Válgame Dios, "Medio Peo", que así le llamaba, ¿Por qué me quieres matar, qué motivos le he dado yo? Observando no fuera a matarle mi compadre, los compañeros de Frasquito de la Torre se previnieron de sus armas pero sin intervenir; como Frasquito le decía la verdad lo convenció con razones poderosas y José María se quedó con el retaco en la mano con el cañón hacia arriba y estando ya los dos en bien y dándose una satisfacción sonó un tiro que fue el de su retaco y me dijo, Ay compadre que me han matado. Yo lo miro y estaba herido en el hombro y en el pecho y la cara, y de primera me dirijo a los compañeros de Frasquito de la Torre, y los desarmo hiriendo yo a Cristóbal Delgado natural de Ecija y Agustín Ferrete natural de Sierra Yeguas, y en este conflicto principié a reconocer las armas de todos y todas estaban cargadas; se salen todos y las dejé en el suelo con los dos heridos y me dirigí a mi compadre y le dije al ver su retaco vacío: Compadre usted solo se ha herido, ahí tiene usted su retaco con la llave hundida, las malas cosas Dios las castiga, y me contestó. Compadre no me desampare usted hasta ponerme donde yo le diga".

Mande o no mande Juan Caballero sobre todas las partidas, lo cierto es, no cabe duda, de que pisa fuerte en la sierra y en la campiña, sobre todo en esta última, y de ello son pruebas las siguientes hazañas, plenas de audacia y valor.

Estando en un cortijo donde residía una hermana suya, aislado de la cuadrilla, llega una partida de doce dragones, perteneciente a la caballería mandada por el capitán Castro. Juan Caballero se arma de audacia y serenidad y consigue hacerse pasar por el dueño del cortijo, invita a los dragones a beber y comer y pasa el día con ellos. Al llegar la noche desaparece con un fútil pretexto y deja en el cortijo a los dragones, que nunca llegaron a saber, ni siquiera a sospechar, con quien habían estado divirtiéndose.

Otro día, estando con su cuadrilla en el cortijo Los Lagares, sabe de la proximidad de una partida de tiradores voluntarios que andaban buscándole. Caballero teme a estos hombres, a los que califica de malvados, pues no son soldados, sino paisanos que voluntariamente forman partida para liquidarlos por cobrar las recompensas ofrecidas. Sabe el bandido que son difíciles de eludir, pues conocen el terreno tan bien como él. Y decide atacarles. Para ello recurre al infalible procedimiento de animar a sus hombres con aguardiente. Cuando éstos están ya suficientemente embriagados montan en los caballos y a la carrera caen sobre sus persecutores, causándoles en un momento siete muertos, sin ninguna baja por parte de los bandoleros.

Días después le dicen a Juan Caballero que la presencia de los voluntarios en las proximidades de aquel cortijo se debía a una delación de un vecino de Aguadulce y un hijo de éste. "El Lero", en la misma noche en que recibe la noticia, les busca y les mata. Pero pasado el tiempo sabrá que sus víctimas eran inocentes. "De ello me confesé -dirá en sus memorias- y entregué al sacerdote una gruesa suma de dinero para que la familia de aquellos pobres se remediase".

Suceso parecido, en cuanto a la delación, le ocurre en la campiña de Baena. Una madrugada la partida se ve rodeada por infinidad de persecutores -no aclara Juan Caballero si civiles o militares- en un cortijo en el que han pernoctado. Los bandidos salen disparando y logran huir, con una sola baja. Al día siguiente vuelven al cortijo y descubren que el delator fue el porquerizo, quien al verles llegar el día anterior había corrido a denunciar su presencia. Uno de los bandidos, a corta distancia, le dispara el trabuco, pero de forma inexplicable no le alcanza ninguna posta; únicamente la pólvora, que prende fuego a sus ropas. Interviene el aperador del cortijo, amigo de "el Lero", y éste al fin, visto lo sucedido, le perdona la vida, diciendo que no era su sino morir.

Uno de los gestos de Juan Caballero más alabados se produjo con motivo de un encuentro con una partida de tropa de Infantería mandada por dos oficiales a caballo, uno de ellos cadete, de no más de quince años. Se inicia el tiroteo y Juan, después de matar con sus disparos el caballo del oficial de más categoría, huye hacia un monte cercano. El cadete lo sigue a corta distancia. Llegan a un arroyo y "el Lero" consigue saltarlo, pero no el cadete, cuyo caballo resbala y cae, aprisionándole una pierna. Los soldados, a pie, habían quedado muy atrás. Juan Caballero se percata de lo sucedido y ante el peligro cierto de ahogo en que se encuentra el cadete, con el cuerpo en el arroyo, retrocede y lo saca de debajo del animal. Lo monta en su caballo y lo traslada a un cortijo para que le presten ayuda.

Eran aquellos meses de dura persecución por tropas del Ejército, debido a la actividad cada vez más intensa de las cuadrillas de bandoleros. Para sacudirse este continuo acoso, "el Lero" concibe un plan maquiavélico: hace creer al aperador de un cortijo, del que es propietario un terrateniente muy bien relacionado con el Capitán General y otras autoridades, que entrega dinero, dejándolo en un lugar convenido, con destino a los oficiales de las partidas que lo persiguen. La idea de Juan Caballero era desprestigiar a estos mandos para que fueran relevados por otros menos conocedores del terreno y de las características de la lucha empeñada. Si el ardid tuvo o no resultado no lo cuenta Juan Caballero.

Otro día, "el Lero" acude en defensa de dos hombres de su cuadrilla cercados por tropa y logra salvarlos. Poco más tarde consigue rescatar, mientras era conducido, a otro de sus bandoleros, ocasión en la que resultan heridos seis escopeteros. El bandido así salvado era Luis Borrego, su lugarteniente y hombre de confianza.

La partida se mueve continuamente por las provincias de Córdoba y Sevilla, dedicada preferentemente al asalto de diligencias en la carretera de Madrid-Cádiz. En una de estas operaciones, al atacar una galera procedente de Osuna, el mayoral y sus auxiliares hacen fuego sobre la partida y hiere a Luis Borrego. Responde Juan Caballero y caen dos de los conductores, padre e hijo, y poco después queda herido otro.

En un asalto similar a un convoy, conducido por arrieros de Campillo, las cosas no salen tan bien, pues resulta herido en un tobillo Juan Caballero, al que su herida obliga temporalmente a abandonar la partida y mantenerse oculto unos tres meses en Estepa, en el domicilio de un médico.

Restablecido, tras numerosas peripecias -al abandonar la casa del medico cayó Juan del burro que montaba y se le agravó la herida, lo que obligo a prolongar su inactividad- vuelve a tomar el mando de su cuadrilla. Su primer encuentro se produce contra un grupo de veintidós lanceros mandados por un oficial en las proximidades del cortijo del escribano. La lucha fue dura y prolongada. Al fin Juan Caballero consigue matar de un pistoletazo al capitán de los lanceros, apellidado Moriones. No fue esta, sin embargo, una victoria Clara de los bandidos, pues murieron tres y otro fue hecho prisionero y fusilado al día siguiente.

Poco después se produce otro encuentro con tropas de Infantería que rodean a la partida en el cortijo La Vieja, de Estepa. Los bandidos consiguen escapar saliendo de improviso a caballo y disparando. Los soldados les persiguen y ellos les esperan en un monte. Se reanuda el tiroteo y el oficial queda mal herido, al borde de un precipicio, por el que sin duda se hubiese despeñado a no ser porque "el Lero", mientras el herido permanecía inconsciente, lo retira y lo coloca en lugar seguro.

Había surgido por aquellos días un nuevo bandolero, conocido por "Paulillo", con una partida de cinco hombres. A fin de adquirir fama el tal "Paulillo" andaba diciendo que buscaba a Juan Caballero para matarle. Al enterarse "el Lero" lo busca y lo encuentra en el cortijo del Perulero. Se retan y se baten a navaja, todo con el mejor estilo bandoleril, y el "Paulillo" no tarda en caer atravesado por la faca más hábil de Juan Caballero. Los cinco bandoleros ahora sin jefe, piden a "el Lero" que les admita y éste accede, no sin antes explicarles sus normas.

Días más tarde, en el cortijo de Pocito de la Medina, al que se dirigía la cuadrilla, le espera una partida de Escopeteros de Andalucía, pero "el Lero", siempre precavido, había enviado por delante a uno de sus hombres, llamado Pelantre, que caería abatido por los Escopeteros, logrando así salvarse los demás.

El bandolerismo, estimulado por los éxitos cada día más brillantes de las cuadrillas, había llegado a su punto culminante. No quedaba camino que se pudiese transitar tranquilo ni hacienda que pudiera considerarse segura. Las personas de relieve o adineradas viajaban protegidas por fuertes escoltas, aunque ello, en ocasiones de poco sirviera. Como le ocurrió al nuevo Corregidor de Grazalema, don Gabriel de Aguilar, en el término de Gilena. La cuadrilla de Juan Caballero, ignorando la identidad del viajero y suponiéndole persona acaudalada por los soldados que lo seguían, decide atacarle. Resultó muerto, a los primeros disparos, don Gabriel de Aguilar, pero la escolta resistió bravamente y consiguió matar a uno de los bandidos, con cuyo cadáver la partida se retiró hacia Estepa.

Poco después en un cortijo entre los términos de Aguadulce y El Rubio, Juan Caballero y sus hombres son sorprendidos por una sección de Lanceros, avisada por el dueño del cortijo, llamado Manuel García, hasta entonces amigo del jefe de los bandidos. La cuadrilla se bate en retirada y logra huir, pero dejándose en el campo algunos muertos. A los dos días "el Lero", busca al delator y lo mata fríamente.

Parece que este fue el último crimen del famoso bandido. Como se ve, ante el auge del bandolerismo la autoridad ha tenido una reacción notable. Los encuentros entre bandidos y tropas no concluyen siempre con el triunfo de aquellos. Son varios los hombres de Juan Caballero que han ido cayendo, y seguramente ha ocurrido lo mismo con el resto de las partidas. Quizás este mayor grado de eficacia en las tropas y partidas sueltas persecutoras, influya bastante en la aceptación por parte de los bandoleros de la solución "política" que se va a dar al problema.

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jose 03/20/2011 19:23



acabo de enterarme hace unos dias,a causa de la serie bandolera ,que el abuelo de mi abuela paterna, era juan caballero, ya me gustaria conocer algo del arboll genealogico de juan caballero



GERMAN RAMOS 09/28/2010 20:18



Acabo de descubrir la vida de mi antepasado Juan Caballero, primo del abuelo de mi abuelo German Ramos Caballero de Aznalcollar, donde un primo de Juan Caballero, Frasco Caballero se marcho de
Estepa a Aznalcollar, y que me gustaria ir enlazando poco a poco mi arbol genealogico paterno que lo tengo un poco perdido.


Gracias por la informacion y si tuviera algun sitio donde pudiera seguir investigando su vida y si llego a tener hijos o no, o cualquier dato que piense que me puede ser de interes, por favor no
dude en ponerse en contacto conmigo, se lo agradecer enormemente.


 



Rosario 02/19/2015 12:27

Hola soy Rosario Martínez caballero, hija de María caballero, Mi abuelo juan era de aznalcollar y era nieto de Juan cabcaballero el lero, no se mucho más pq mi madre falleció cuando yo tenía 11años, pero me encantaría saber más...tb sé q el primo d mi mmadre era Luis caballero, un cantaor flamenco d la época¡ gracias y Saludos

Antonio 01/18/2015 15:04

Hola me llamo Antonio Molina caballero. Mi abuelo era nieto de Juan caballero. Tengo la biografía de mi tatarabuelo. Según el es la original. La encontré en Madrid. Soy de gilena. Un pueblo cercano a estepa . ahora vivo en Málaga.