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Badolatosa, Sevilla, Mi pueblo

“El Tempranillo”: origen y actividad bandolera

18 Abril 2010 , Escrito por Abraham Pineda Etiquetado en #Ruta del Tempranillo

   José Mª Hinojosa Cobacho “El Tempranillo”: origen y actividad bandolera

 

 

            tempranillo~0Se inicia con José María “El Tempranillo” lo que los especialistas han denominado la época romántica del bandolerismo andaluz. Él será el prototipo de bandido generoso que roba a los ricos para entregarlo a los pobres. Su figura se ha convertido en un mito y, como tal, aparece en romances, coplas, pliegos de cordel, folletines, novelas, biografías, etc.; lo que ha provocado multitud de inexactitudes y fantasías –incluso antes de su muerte- que en nada tienen que ver con el rigor histórico. Todo ellos es el resultado del interés y la admiración que tuvo en vida y que aún continúa despertando. Su fama traspasó fronteras de Andalucía y España y sus hazañas fueron conocidas en Inglaterra, Francia, Holanda y Estados Unidos, a través de numerosos escritores y periodistas extranjeros como Richard Ford, Prosper Merimée, Théophile Gautier o Adolfo Custine, entre otros.

           

            José María se crió y vivió su infancia y juventud en Jauja, aldea perteneciente al municipio de Lucena (Córdoba). Probablemente procedía de la casa de expósitos de esa ciudad  y fue acogido por la familia Hinojosa Cobacho. Esta familia era de origen muy humilde, ya que su padre trabajaba como jornalero del campo. Nada sabemos con certeza de los años infantiles y adolescentes de José María, por lo que suponemos que sus actividades fueron idénticas a las de su padre adoptivo, contribuyendo a mantener la penosa existencia de una familia pobre en tan duros años como los de principios del siglo XIX. Nunca conoció la escuela, o si lo hizo fue con poco aprovechamiento, ya que era analfabeto.

 

            La tradición nos dice que en los primeros años de la década de 1.820, un 29 de septiembre, fiesta de la romería de San Miguel, se produce una reyerta, aparecen las navajas y José María mató a su rival. Como el homicidio era castigado con la pena capital, toma la rápida decisión de echarse a la sierra. Su primer refugio parece ser la Serranía de Ronda, desde donde es posible que se dedicara al contrabando con Gibraltar, actividad delictiva que proporcionaba ciertos ingresos adicionales en las pobres economías de muchos habitantes de la zona sur de las provincias de Córdoba y Sevilla y la del norte de Málaga.

            En poco tiempo forma una partida de hombres, entre los que cabe destacar a Juan Caballero Pérez, alias “El Lero”, natural de Estepa; José Ruiz Germán, alias “El Venitas”, natural de Badolatosa; y Francisco Salas, alias “El de la Torre”, concuñado de José María. El salteamiento y desvalijo de viajeros serán sus principales delitos, si bien, a decir de Quirós y Ardila:

            “José María es el gran innovador de la criminología del campo andaluz, quien establece una evolución más refinada dentro de las prácticas del salteamiento. Procura eludir siempre los procedimientos violentos y la sangre de sus víctimas, implantando la aludida costumbre del tributo exigido al viajero”.

 

            Esta original y refinada forma de delinquir, que José María implanta en los campos y caminos andaluces, consiste en una especie de seguro obligatorio para todos los viajeros, de modo que ninguno de aquellos, que con anterioridad lo hayan adquirido, recibirá daño alguno ni será despojado de sus bienes.

   

Para saber un poco de su aspecto físico, valgan las palabras de Richard Ford:

 

            “Estaba entonces en la plena madurez de los treinta y tres años. De constitución vigorosa, era abnegado y capaz de sobrellevar el sufrimiento, todas ellas cualidades de un gran caudillo; aunque era bajo de estatura, tenía una complexión cuadrada y compacta; su cuerpo era algo desproporcionado para sus piernas, las cuales estaban ligeramente arqueadas, lo que indicaba fuerza y actividad; la mano izquierda la tenía destrozada por habérsele descargado una pistola accidentalmente y haber tenido que curarse a sí mismo durante veinticinco días, pasados siempre a caballo; sus labios eran finos y apretados, denotando una expresión voluntariosa; de ojos grises que mostraban un carácter afable cuando estaba contento, pero que repentinamente se tornaban inquietos, centelleantes, con el recelo característico de las aves de presa, hábito que nace al saberse culpable y desconfiado”.

 

Los años comprendidos entre 1.828 y 1.832 son los más importantes en su actividad bandolera. A pesar de los bandos publicados por distintas autoridades, en los que se premian con suculentas recompensas a todo aquel que ofrezca datos que faciliten su captura, José María escapa una y mil veces al cerco policial. La nefasta política absolutista de Fernando VII provocó en España una serie de reacciones de carácter liberal, contrarias al régimen, que pretendieron el restablecimiento de la Constitución de 1.812: fueron los pronunciamientos militares. José María colaboró inútilmente en dos de ellos, el de Manzanares y el de Torrijos. El primero se produjo en febrero de 1.831, dirigido desde Gibraltar por el teniente coronel D. Salvador Manzanares. El intento fracasó al ser derrotado por las fuerzas realistas en las cercanías de Estepona. La segunda intentona se produjo en otoño del mismo año; todo apunta a que José María se comprometió con el general Torrijos a prestar su ayuda y a asistir al lugar del desembarco, planeado igualmente desde la colonia inglesa, aunque no hay documentos que lo afirmen con rotundidad. Al igual que el anterior, este pronunciamiento fue un fracaso y él y sus seguidores fueron apresados en las cercanías de Málaga.

 

            El campo andaluz en los primeros años de la década de 1.830 se ve sumido en una de las peores olas de inseguridad ciudadana. Quizá sea una visión exagerada la que Théophile Gautier, que recorrió España en la década de 1.840, nos dejó cuando nos advertía lo que suponía viajar por nuestros caminos en aquellos duros años:

 

            “Un viaje por España es todavía empresa peligrosa y romántica; hay que contribuir con la persona, tener valor, paciencia y fuerza. A cada paso se arriesga la vida, y los menores inconvenientes con los que se tropieza es las privaciones de todo género, la falta de las cosas indispensables para la vida, el peligro de los caminos, verdaderamente impracticables para quienes no sean arrieros andaluces; un calor infernal, un sol capaz de derretir el cráneo; además, hay que enfrentarse con los facciosos, los ladrones y los posaderos, gente bribona, cuya honradez se acomoda al número de carabinas que lleva uno consigo. El peligro os rodea, os sigue, os precede; sólo oís cuchichear historias terribles y misteriosas (…).

 

            Los labradores de los términos de Antequera, Archidona, Alameda, Benamejí, Osuna, Morón, Ronda y un larguísimo etcétera, canalizan sus denuncias y presiones a través de las autoridades locales, que no disponen de medios humanos ni económicos para erradicar la violencia y la extorsión en sus respectivos términos. A su vez, las justicias locales enviaban sus quejas a los capitanes generales, que dispusieron diversas medidas para tal fin, tales como un control muy riguroso de los movimientos de la población con la puesta en práctica de los pasaportes, la emisión de órdenes a los corregidores que autorizaban a los labradores en el uso de armas, el envío de tropas de infantería y caballería de voluntarios realistas o incluso del ejército, gratificaciones y recompensas para los que aprehendiesen o facilitasen información tendente a la captura de malhechores, etc..

 

El Indulto

 

Hay verdaderamente pocos datos referentes a él, pero sí podemos señalar que se produjo en una fecha determinada del mes de junio de 1.832, pero no como un acto simple, sino como resultado de un proceso, de una serie de consultas que se dilataron en el tiempo durante varios meses hasta la aprobación definitiva. Se negoció a espaldas de los organismos oficiales a capricho de la voluntad del Rey y no se concedió exclusivamente a José María, sino a los tres cabecillas de las partidas. Juan Caballero tuvo un papel preeminente en la negociación, en la que intervinieron las autoridades estepeñas. Quedó constancia del hecho en varios documentos (Real Orden, pasaportes, actas de Consejo de Ministros, etc..)

 

En cuanto al dónde se produjo, de nuevo recurrimos a la tradición oral, que nos dice se efectuó en el Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta y Guía, una antigua y preciosa ermita, situada en un bellísimo paraje a un kilómetro de Corcoya, aldea dependiente de Badolatosa. Calvo Bartolomé asegura que al acto asistió el escribano público de Estepa D. Antonio Cecilio Sánchez, quien leyó el indulto y las restricciones que se pudieran derivar para los reincidentes, y así mismo que levantó acta notarial de cuanto allí sucedió, de todo lo que quedó constancia en la escribanía de Estepa. A la amnistía se acogieron todos los miembros de la partida, unos cuarenta hombres, a excepción de Veneno, a quien José María se lo negó al parecer por intentar traicionar a sus compañeros entregándolos a las autoridades a cambio de salvar su vida. Veneno tuvo un mal final, ya que fue condenado a Garrote el 13 de diciembre de 1.832.

 

            El indulto supone un cambio radical, pues ya puede vivir tranquilo, sin sufrir las inclemencias del tiempo, sin tener que pasar noches en vigilia, sin jugarse la vida día a día. Durante estos meses conoce y se relaciona con personas como D. Pedro Agustín Girón, capitán general de Sevilla y marqués de las Amarillas; o Richard Ford, viajero inglés con quien entabló amistad; o John Frederick Lewis, quien le inmortalizara en un retrato realizado en los primeros meses de 1.833.

 

            Muerte de un bandido generoso

 

            Algunos historiadores señalaron que José María fue asesinado en Despeñaperros, cuando escoltaba una diligencia. Estas inexactitudes, que perduran hoy en día en publicaciones recientes, se explican por una pésima información y, sobre todo, porque José María “ El Tempranillo” se convirtió ya en vida en un mito popular, entrando de lleno en la leyenda, en la que se desfigura la realidad y se magnifica todo aquello relacionado con su vida y muerte.

 

            La muerte del más famoso de los bandoleros ocurrió de la siguiente manera. José María cabalga, con algunos de sus hombres, en las cercanías de la Sierra de la Camorra, con su labor de exterminio de la delincuencia. Era la mañana del domingo 22 de septiembre de 1.833. En efecto, unos ladrones se hallan en esa zona y viéndose perseguidos han buscado refugio en el cortijo de Buenavista, a dos kilómetros de Alameda. Hasta allí se acerca José María  con sus hombres. Ordena reconocer el cortijo y, en ese momento, disparan a uno de sus hombres, que cae herido. De inmediato, otros dos disparos hieren gravemente a José María. Los agresores consiguen huir a la sierra. Sin pérdida de tiempo lo trasladan a Alameda, en donde es instalado en uno de los mesones de la calle Granada, la Posada de San Antonio. Allí recibe los cuidados del médico, pero sus heridas son mortales. Él lo sabe y por ello se dispone a dictar su testamento y a recibir los auxilios espirituales del párroco. Ese mismo día moría José María, rodeado en el lecho de sus antiguos y fieles compañeros. El 24 era sepultado, con entierro llano, en el viejo cementerio, hoy patio de la parroquia de la Inmaculada Concepción de Alameda.

 

            Su testamento fue dictado ante Jerónimo Orellana, único escribano de Alameda en aquella época. Llama la atención la precariedad de bienes de José María, aunque no nos sorprende demasiado, dado su generoso carácter. De todas formas es curioso que sólo dispusiese de dos caballos, algunos bienes más y un montón de préstamos que nunca llegaría a cobrar.

 

            De algunos documentos, se desprende que la muerte de José María no fue un crimen accidental o fortuito, fruto del arrebato momentáneo de un homicida, sino un hecho premeditado por un círculo de bandidos que no aceptaron el radical cambio que se produjo en la vida de este personaje. Con José María “El Tempranillo” desaparece la figura mítica del bandido generoso. Después de él nadie supo ni puso imitar su estilo. Tocó fin la época romántica del bandolerismo andaluz.

 

 

                                                      José Antonio Rodríguez Martín

Cronista Oficial de Alameda

y autor del libro biográfico “José María, el Tempranillo”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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